sábado, 12 de noviembre de 2011

RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ PARTICIPÓ EN LA GÉNESIS


Dentro del grupo selecto de venezolanos que, en 1941, fundó la Asociación Venezolana de Periodistas, siempre diligente, encontramos a Díaz Sánchez: periodista, historiador, novelista y ensayista que,  históricamente se vinculó al Zulia, por la producción de las más importantes de sus obras y por sus nexos espirituales con este Estado. Nació en Puerto Cabello el 14 de agosto de 1903. Fueron sus padres Ramón Díaz, mulato y Rosario Sánchez, de origen canario. Su talante periodístico lo heredó de su abuelo quien durante la presidencia de Alcántara (1877-78) hizo periodismo activo y desempeñó la jefatura de redacción de “La Tribuna Liberal”, el periódico que fundó Nicanor Bolet Peraza para combatir a Guzmán Blanco.

Su origen humilde lo recoge este pasaje de J.J. Escalona: “Mi padre era un buen vitolista que no ganaba más de 15 bolívares por día. Con esto debía subvenir a la manutención de una familia de cinco personas: mi abuela, mi madre, él mismo, yo y mi hermana. Hubo épocas en las que conocimos la miseria más completa en nuestra casa…”. A los ocho años ingresa en una escuela particular de su pueblo donde no había delimitación de grados. Todos los alumnos, refiere Escalona estaban agrupados en la misma sala estrecha y pobre con un maestro – el maestro Kepper – de muy escasos conocimientos pero de extraordinaria severidad. Luego asistió a la escuela que regentaba el maestro José Ramón Pelayo. Durante su adolescencia ocupa diversos oficios: muchacho de oficina en la Casa Comercial Otto Reddler Sucesores, ayudante de un taller mecánico, aprendiz en la fábrica de tabacos “El Presidente”.

Cuanto tenía 19 años y habiendo escrito a los diecisiete su primera novela, orienta su existencia a lo que va a constituir su verdadera vocación: la de escritor que se inicia con el desempeño del periodismo. Fue reportero del periódico “Boletín de Noticias” y luego lo ascienden a jefe de redacción de “El Estandarte”. Es la etapa también en que publica sus primeros versos y escribe el cuente “Los Impecables”. Se hallaba aún en su pueblo natal, Puerto Cabello.

1924 marca un hecho excepcional en la vida de Díaz Sánchez. Oye hablar del petróleo del Zulia e intuye lo que ha de significar tamaño descubrimiento, calificado por él de “espasmo brutal que sacude las entrañas de Venezuela y constituye, después de la gesta bolivariana, el hecho de mayor trascendencia en nuestra historia”. Se traslada a Maracaibo y trabaja en la Caribbean Petroleum. Pero su gusto por la actividad del periodismo lo lleva a desempeñarse como redactor principal de los diarios “La Información” y “Excelsior”; funda el semanario y crea junto a algunos escritores y poetas residentes en esta ciudad, el Grupo Literario “Seremos”

Acusados de rebelión la mayoría de los integrantes del Grupo “Seremos” fueron encarcelados y remitidos al Castillo de San Carlos, donde los mantienen por espacio de dos años. El primer año con grillos. Los de Díaz Sánchez le apretaban por el grosor de sus piernas que guardaban relación con su estatura y corpulencia. Aprovecha el tiempo en el Castillo parta aprender idiomas, escribir algunos cuentos y producir varios artículos de prensa.

Al recobrar la libertad en 1930 retorna a Puerto Cabello. Al volver al Zulia se residencia en Cabimas. Ejerce el cargo de Juez de Instrucción. Sigue estudiando y escribiendo, dejando de lado sus actividades políticas. Colabora con el diario “Panorama”; participa en un concurso de cuentos que promueve la Revista “Élite” y obtiene mención de honor. En Cabimas instala la primera imprenta y funda “El Taladro”, primer periódico de esa ciudad.

En 1933 saca a la luz pública la novela “Mene” que constituye como asienta J.J. Escalona “una sagaz observación del fenómeno petrolero”, premiada en 1935 en un concurso del Ateneo de Caracas y editada el año siguiente, “Mene” marca, por su específico tema, una nueva original vertiente en la historia de la literatura narrativa en Venezuela. Mereció la acogida del público y de los críticos y ha sido traducida a varios idiomas.

 A la muerte de Juan Vicente Gómez se residencia en la Capital de la República Trabaja en el diario “Ahora”, en la Revista “Élite” y ocupa la subdirección del diario “El Tiempo”. Lo atrae la política, ocupa importantes cargos públicos  y fue electo diputado al Congreso Nacional por su Estado natal, Carabobo. Sin embargo saca tiempo para seguir colaborando con la “Revista Nacional de la Cultura” y se convierte en columnista fijo en los diarios “El Nacional” y “El Universal”.

En 1937 publica el ensayo “Transición”; en 1964 “Diez Rostros de Venezuela.  Su energía intelectual en la novelística  se refleja en la trilogía: “Cumboto” (1954), “Casandra” (1957) y “Borburata” en 1967. Su cuentística se compone de  “Caminos del Amanecer” (1941) y “La Virgen no tiene Cara” (1951). Dentro del género biográfico destacan “Guzmán” (1950) y “El Caraqueño” (1967). Dos de estas obras: “Cumboto” y “Guzmán” constituyen su consagración definitiva en el ámbito de la creación literaria. En “Cumboto” – obra imaginativa  que el autor denomina Cuento de Siete Leguas- presenta a personajes negros y blancos en un plano ideal de proyecciones estéticas que corresponde a un clima mental de definida trascendencia simbólica.

Díaz Sánchez desposó, en segundas nupcias  en 1939, con Isabel Jiménez Arráiz, su devota colaboradora. Fue Presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela, Elegido individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua (1956) y de la Academia Nacional de la Historia (1958). Fue laureado con los premios mayores de las letras venezolanas: Concurso de cuentos promovido por el diario “El Nacional” (1946); el “Arístides Rojas”, para novela (1948) y el Premio Nacional de Literatura (Bienio 1950-1951) otorgado por el Ministerio de Educación. Dejó muchas obras inéditas: las novelas “Piedra Azul” y “La Sirena Emboscada”, lo mismo que la Biografía de Joaquín Crespo y catorce manuscritos de su “Diario”.

Su corazón empezó a debilitarse desde 1947 cuando sufrió el primer infarto. El viernes, 8 de noviembre de 1968, al mediodía, y a la entrada de su Quinta “La Milagrosa”, Avenida “H” de la Urbanización El Pinar, en el Paraíso, su combatiente corazón que había resistido con heroísmo tenaz a la muerte, recibió el golpe definitivo.

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